Por Natasha
Campbell-McBride, M.D.
[M.B.B.S.,
M.R.C.G.P., D.R.C.O.G., D.E.F.F.P., T.(GP)]
Dra.
Campbell-McBride, una neuróloga que también tiene una
Maestría en
Nutrición, vive en Cambridge, Reino Unido, con su esposo e hijo
autista, el
cual nació en el otoño de 1992. Su clínica atiende
a niños autistas de todo
el mundo, y actualmente está trabajando en un libro acerca de
tratamientos
efectivos para el autismo. Esta historia fue escrita en Febrero del
2003.
Mi
hijo tiene 10 años de edad. El está en una escuela
normal, y le va bien. Sus
logros académicos están dentro del rango normal de un
niño de 10 años, a
pesar de estos las matemáticas no son su fuerte. El puede ser un
tanto torpe en
relación a lo que se refiere a sus habilidades sociales, pero el
tiene amigos,
y tiene cierto atractivo para las niñas. El puede ser ingenuo e
hiper activo en
algunas ocasiones, pero increíblemente maduro en otras. Su
lenguaje es
excelente con un lenguaje un poco más amplio de lo normal, y le
gusta escribir
poesía e historias cortas. El está aprendiendo a tocar el
piano y lo está
haciendo muy bien, particularmente componiendo su propia música.
Nadie podría
sospechar lo que este niño y sus padres han tenido que pasar.
Nadie quien lo
conozca ahora podría relacionar al autismo con este niño.
Todo esto es ahora.
Se me ha pedido regresar en el pasado y describir como llegamos hasta
aquí.
Es
siempre doloroso para una madre recordar aquellos años de
desesperación y
trabajo arduo con un niño autista. Es particularmente doloroso
darse cuenta de
todas las cosas que se hicieron mal. Si solo hubiéramos sabido
lo que sabemos
ahora! Si solamente hubiéramos hecho esto o aquello, cuando
él era mas pequeño,
el quizás se hubiera desarrollado diferente.
Sin
embargo, no me hecho la culpa por un momento de la aventura educacional
y
mentalmente demandante que mi hijo me obligó hacer. Cuando el
nació, era una
Doctora entrenada en neurología con siete años de
experiencia laboral. Pero
como ellos dicen, los doctores son los peores pacientes. Cuando se
trata de tu
propio hijo, te conviertes tan propenso a la negación y cegarse
como cualquier
otro padre. Aparte de eso, como todos los padres de niños
autistas descubren,
los doctores saben muy poco acerca del autismo. Ellos son
enseñados en como
diagnosticar, pero cuando se trata del tratamiento, la medicina
tradicional no
tiene nada que ofrecer. Por el contrario, se encargan en convencerlo a
usted de
que no hay nada para tratarlo y que cualquier otra opinión es
pura charlatanería.
Así que, el ser Doctora no me ha dado ninguna ventaja.
Nuestro
hijo fue diagnosticado autista a la edad de tres años.
Después del golpe
inicial y de lamentarnos mi esposo y yo empezamos a aprender lo mas que
pudimos
acerca del autismo. En aquellos días no había tanta
información disponible en
el tema como la hay hoy en día, pero al menos había algo
que ofrecía
esperanzas a mi hijo. Recuerdo que alguien nos proporcionó el
teléfono del Dr.
Rimland en California. Sostuvimos una larga conversación con el
y como
resultado nuestro hijo entró en un programa ABA a la edad de 3
años y medio.
Al mismo tiempo, el empezó a tomar DMG. Esta conversación
con el Dr. Rimland
fue como un rayo de esperanza en nuestras vidas. El era una persona que
sabía
mucho acerca del autismo y estaba preparada para compartir sus
conocimientos con
nosotros y ayudarnos. El era un padre que no aceptó la postura
oficial acerca
del autismo y que dedicó su vida en cambiar tal postura. Estoy
segura que hay
miles de familias alrededor del mundo que estarán agradecidas
por siempre con
este hombre. Quiero agregar a mi familia a esta lista.
Desde
el principio el programa ABA estuvo realizando milagros con nuestro
hijo. Nunca
olvidaré la primer sesión de trabajo con nuestro
excelente asesor ABA, el cual
había volado desde los Estados Unidos. Al final de dos
exhaustivos días de
entrenamiento, ella dijo que en tres meses ella esperaba que nuestro
hijo
pronunciara oraciones cortas. Todos nosotros, incluyendo nuestros cinco
terapeutas, creyeron que ella estaba soñando, porque nuestro
hijo no hablaba
nada y su comprensión del lenguaje era muy cuestionable. Pero
para nuestra
enorme sorpresa, ella estuvo en lo correcto! Tenemos meticulosamente
grabado ese
período de la vida de nuestro hijo. En tres meses fuimos capaces
de tener pequeñas
conversaciones con él.
A
medida que nuestro hijo avanzaba en su programa ABA dediqué mi
tiempo en
aprender lo mas posible acerca de biología, bioquímica, y
nutrición en el
autismo. Era claro para mi que la extremadamente pequeña
variedad de alimentos
que nuestro hijo admitía – y
como
resultado, una dieta pobre – tenía mucho que ver con su
autismo. Regresé a
la universidad y tomé un curso de nivel maestría en
nutrición humana. Dediqué
particular atención estudiando la patología del sistema
digestivo y como
tratarla por medios naturales. La razón de mi interés fue
el hecho de que el
sistema digestivo de nuestro hijo prácticamente nunca
funcionó normalmente.
Empezando por el día en que le introducimos alimentos
sólidos en su dieta, el
empezó un período de estreñimiento, el cual
eventualmente se convirtió en
una constante diarrea. De nuevo, las consultas con médicos
tradicionales fue
una completa decepción. Fuera de fármacos
sintomáticos con muchos efectos
secundarios, solamente ofrecieron a mi hijo mas que nada para ayudar
con sus
problemas digestivos, constantes erupciones de hongos o sus tremendas
dificultades para aceptar alimentos. Al mismo tiempo era muy claro para
mi que
su sistema inmune estaba desordenado debido a su pobre
nutrición. Como muchos
niños autistas el tuvo infecciones del oído, infecciones
del pecho, erupciones
en la piel, y “boquillas” debido a hongos. Y por supuesto,
todos mis colegas
médicos le recetaban solamente antibióticos y más
antibióticos.
En
base a mis recién adquiridos conocimientos cambié su
dieta dramáticamente.
Nuestro asesor ABA ayudó en
diseñar
un sistema para introducir los alimentos en la dieta de nuestro hijo.
Sin ese
sistema hubiera sido imposible cambiar su dieta, ya que el era tan
meticuloso
con los alimentos. Habiendo examinado dietas que habían sido
exitosas para niños
con problemas digestivos severos, tales como colitis ulcerativa,
enfermedad de
Crohn, y mal nutrición crónica, me di cuenta que
solamente introduciendo una
dieta libre de gluten y caseína (GFCF) no sería
suficiente para mi hijo. Así
que he trabajado en un tratamiento mas enfocado a lo natural, el cual
también
excluye al gluten y la caseína. El resultado fue sorprendente,
como si alguien
hubiera desvanecido una neblina tóxica de su cerebro. El estaba
mas calmado,
mas capacitado para aprender. Su contacto visual mejoró por
sí mismo y muchas
de sus auto estimulaciones desaparecieron.
Al
mismo tiempo introducimos un fuerte tratamiento terapéutico de
probióticos. No
hubo duda que su flora intestinal era anormal. Desde entonces
había tratado de
darle varios probióticos, disponibles en el mercado, con
mínimos resultados,
hasta que encontré una fórmula que funcionó. Era
lo suficientemente poderosa
para sanar su sistema digestivo hasta un grado que podíamos no
seguir la dieta
en ciertas ocasiones sin que tuviera algún problema. Al mismo
tiempo le dio a
su sistema inmunológico tal reforzamiento que no recuerdo cuando
fue la última
vez que el ha tenido un resfriado. Ahora el muestra un semblante de
salud con
mejillas rosadas y ojos brillantes y está lleno de
energía. Desde entonces he
desarrollado mi propia fórmula probiótica, la cual
funciona muy bien en niños
autistas y personas con desordenes digestivos e inmunológicos.
Es
imposible sobre estimar el papel que tiene la familia en la batalla en
contra
del autismo. He visto algunas pocas situaciones tristes, donde un padre
está
tratando de ayudar un niño sin el apoyo del otro padre. Tratar a
un niño
autista es una gran tarea y las familias unidas usualmente tienen mejor
éxito.
Quisiera decir que lo que hemos logrado con nuestro hijo, mi esposo y
yo lo
hemos logrado juntos. Sin el constante apoyo de mi esposo, su
intelecto, y
habilidades de organizativas yo no hubiera podido ser capaz de hacer la
mitad de
lo que he hecho en estos años. Nuestro hijo es muy afortunado de
tener un
excelente padre, del cual el está muy encariñado.
Una
gran parte del éxito del tratamiento del autismo se debe al
hecho de que los
padres de los niños autistas se comunican mucho entre sí.
Es de aquí de donde
obtenemos la fuerza e inspiración para continuar. Nuestro
éxito se convierte
en la inspiración para muchas otras familias, las cuales me
llaman y están
dispuestas en intentar lo que nosotros hicimos. Esta es la forma en la
que mi clínica
para niños autistas empezó. Al haber visto cientos de
familias de muchos
diferentes países, nunca he cesado de admirar su
determinación y fuerza en
tratar de ayudar a sus hijos. He aprendido mucho de ellos y de sus
experiencias.
Hace
algunos meses al final de las consultas, uno de los padres me
miró y preguntó
en un tono particular de voz, “¿Porqué no ha
escrito un libro aún? Eso fue
seguido de un número de otros padres diciéndome que yo
debería de escribir un
libro acerca del autismo. Estoy trabajando en el ahora mismo. Siento
que es mi
deber compartir el conocimiento y experiencia clínica que he
acumulado durante
estos años gracias a mi hijo y las muchas familias de
niños autistas que he
conocido. Espero, también, que mi experiencia ayudará a
otros a evitar los
errores que hemos cometido. Todos nosotros eventualmente aprendemos de
nuestros
errores, pero el tiempo es oro para nuestros niños. Lo
más pronto que
empecemos a ayudarlos en la forma correcta, la mejor oportunidad que
ellos
obtienen de recuperarse del autismo. Creo que cada niño autista
tiene una
oportunidad, dándole la ayuda apropiada.
Y
no deje que nadie le diga que el autismo es incurable!