Por Julie
Duffield
Julie
Duffield y su esposo, Joe, son “profesionales” en combatir
el
autismo, el cual afecta a su hijo Michael, (nacido en 1988) y su hija,
Jessica
(nacida en el 2000). La familia Duffield recientemente se mudó
de Utah a
Carpentersville, Illinois. Esta historia fue escrita en Febrero del
2002.
Antes
de empezar, deseo aclarar que no creo que las vacunas sean la
única causa del
autismo, pero sí un importante contribuidor. Frecuentemente no
se le da
importancia al hecho de que las
vacunas administradas a las madres pueden contribuir a los problemas en
sus
hijos. Tengo una concentración de rubéola que está
por fuera de las gráficas,
como resultado de una inmunización MMR. Una causa conocida del
autismo es la
rubéola en una madre embarazada. Fui requerida en recibir una
MMR con el fin de
asistir a una misión LDS (Iglesia de Latter Day Saints, o una
iglesia Mormona),
y nuestra familia continua sufriendo sus consecuencias hasta estos
días.
* * * * *
Mi
nombre es Julie Duffield. Tengo dos grados académicos de la
Universisad Brigham
Young uno en Matemáticas y el otro en Química, y tengo
dos niños con autismo.
Hemos tenido increíbles resultados con nuestros niños
utilizando tratamientos
biomédicos, y esperamos que se recuperen por completo. En estos
momentos,
muchos educadores y valuadores psiquiátricos comentan acerca de
los avances de
nuestros niños para socializar, pero no sentimos que nuestros
niños están
fuera de la neblina todavía. Esta es una versión corta de
nuestra historia.
Permítame
empezar con el mayor de mis hijos, Michael. El era el niño
más feliz que habíamos
visto jamás. El era regordete y siempre sonreía. El
estaba aprendiendo a
cantar, hablar y bailar. El amaba seguir la música cuando la
escuchaba, y
estaba convencido que el sería un baterista o alguien
relacionado a la música.
Cuando
me embaracé de mi segundo hijo, estábamos tan excitados,
ya que Michael estaba
muy regocijado al respecto. Familiares y amigos nos advirtieron que el
siguiente
hijo no pudiera ser tan dócil para criarlo como nuestro
maravilloso Michael.
Frecuentemente las personas se ofrecían – casi rogaban
– cuidarnos un poco
a Michael. Si no fuera por sus frecuentes infecciones de oído y
los antibióticos,
él hubiera sido el niño perfecto.
Luego
llevamos a Michael a su cita de chequeo de los 18 meses. Le dimos
Tylenol antes
de ir al consultorio del doctor, por que había tenido fiebre
alta después de
su inmunización previa. El recibió cuatro vacunas en un
solo día. El empezó
a gritar, y endureció su cuerpo completo, y se retorció
en mis brazos mientras
le administraban el resto de las inyecciones. Ellos estaban preparados
para
darle una quinta vacuna para la varicela, pero me rehusé.
Nunca
había visto a mi hijo reaccionar con tanto dolor. Los doctores
escudaron sus
movimientos similares a los de una convulsión como el resultado
del enojo de mi
hijo hacia mí por haber permitido las inyecciones. Pensé
que esa pudiera ser
una posibilidad, así que encogí mis hombros a medida que
me retiraba con mi
hijo fuera del consultorio.
Michael
tubo fiebre después de cuatro horas después de haber
recibido las vacunas.
Aumentó hasta 104° F (40° C), pero sabíamos que
era normal, así que
continuamos dándole Tylenol como lo había recomendado el
doctor. En el tercer
día con fiebre, llamé al consultorio del doctor. La
enfermera dijo que si
Michael continuaba con fiebre en el cuarto día,
deberíamos ir a consultar al
doctor. Fuimos al cuarto día, y se nos dijo que era muy probable
que se tratara
de una infección viral; que no había nada que hacer. Si
empeoraba, deberíamos
regresar. “Peor que 104° F?” se convirtió en mi
cuestionamiento durante
los siguientes tres meses de fiebres. Centro de cuidados intensivos,
pediatras
nocturnos, e inclusive cuartos de emergencias no fueron de ayuda
alguna,
tampoco. La más alta fue 105.7° (41° C) medida bajo su
brazo; el Tylenol la
disminuía a 101° o 102° F temporalmente. El promedio se
mantuvo en 104° F,
Se nos dijo que las vacunas no habían tenido nada que ver con su
estado
enfermo, dado que el panfleto farmacológico indicaba que la
fiebre duraría de
uno a tres días. Tenía que ser otra cosa distinta.
Durante
este período de tres meses, Michael perdió sus
habilidades sociales. Su
lenguaje fue reemplazado por gruñidos de enojo. El no
entendía lo que le decíamos.
El estaba asustado con la mayoría de los sonidos, y le
dejó de gustar la música.
El estaba inconsolable durante los juegos pirotécnicos del 4 de
Julio. El
lloraba todo el tiempo. Era absolutamente el infierno observar su
regresión, la
cual habíamos asociado con su estado enfermizo. Una
infección del oído se
presentó al final de este período de tres meses, y la
tratamos con antibióticos,
la cual finalmente detuvo su fiebre.
La
miseria que experimentamos mientras Michael estuvo enfermo no se
comparó con
los horrores que empezaron después de que finalmente la fiebre
desapareció. El
empezó a deteriorarse a un niño con semblante
inmóvil. El perdió peso y usó
la misma talla de ropa durante un año y medio. Criar
niños no se supone que
permanezcan en la misma talla, así que nos empezamos a
preocupar. Michael no
dormía. El se dormía alrededor de las 6 A.M. y se
despertaba dos horas después.
Fármacos para el sueño parecían solamente hacerlo
más salvaje. Me enfermé
debido a mi embarazo y necesitaba despertarme a las 6 A.M. para atender
mi
responsabilidad de maestra de ciencias. Mi esposo frecuentemente
tenía que
trabajar hasta tarde, así que yo estaba con Michael hasta
alrededor de la una o
dos de la mañana, mientras que Joe se quedaba con él
resto de la noche.
Nuestro hogar era una constante pesadilla. Mi esposo y yo
estábamos
incapacitados de pensar que estaba sucediendo. Nunca nos
veíamos, ya que él
necesitaba dormir en los momentos en los que ambos estábamos en
casa al mismo
tiempo, para recuperar el sueño que había perdido
mientras se encargaba de
Michael.
El
más perturbador comportamiento que Michael mostró fue su
deseo de golpear su
cabeza en contra de la pared. El se “perdía” y
reía tan fuerte como si
estuviera borracho. El frecuentemente se pondría en el suelo en
sus manos y
pies y golpeaba su cabeza en el suelo. Otra cosa que me molestaba era
que el se
empujaba los ojos hacia atrás dentro sus cavidades oculares. Lo
teníamos que
restringir de sus movimientos frecuentemente para evitarle daños
serios.
Cuando
regresamos al lugar donde le administraron las vacunas, el
médico general me
trató como si fuera una madre sobre preocupada. El pensó
que Michael estaba
pasando a través de una etapa, de auto lastimarse para llamar la
atención. El
me ofreció antidepresivos. No pensé que
“endrogarme” iba a solucionar el
problema, así que nunca regresamos con ese doctor. Nos
llevó cinco meses
encontrar un nuevo doctor que pudiera trabajar con mi seguro
médico de educación
pública. Estábamos en varias listas de espera para
obtener una asesoría del
desarrollo.
Durante
este tiempo, tuvimos que soportar todos los ojos observadores, con los
vecinos y
familiares pensando que éramos los peores padres del mundo.
Todos nos
aconsejaban: “Si le cantaras más” … “Si
solamente le leyeras libros a
él!” … “Si le prohibes la TV” …
“Si solamente te quedaras en casa
en lugar de trabajar” … “Si solamente le
regularizaras su tiempo de sueño”
… “Quizás necesites hacerle pruebas del
oído” (aún cuando sabíamos que
el podía escuchar una ambulancia mucho antes que nosotros).
Nadie realmente
entendió, y no lo podíamos
explicar, tampoco. No era muy divertido visitar a otros, y muy pocas
personas
nos visitaban.
Michael
fue diagnosticado con autismo dos semanas antes de que Jessica naciera.
Se nos
dijeron cosas tales como “Usted tendrá que ingresarlo a un
internado cuando
sea lo suficientemente fuerte para lastimarla” … “La
terapia es la única
opción” … “Ritalin y otros fármacos
psiquiátricos son la única manera
de mejorar su vida en el hogar” … “El autismo no es
tratable, es de por
vida”.
Fuimos
naturalmente inscritos en el departamento de salud mental, con ninguna
recomendación de realizar ningún estudio médico.
Nos dijeron que teníamos
que esperar seis meses antes de que Michael pudiera asistir a una
escuela para
autistas. Esto era su única esperanza para mejorar.
Las
infecciones del oído y otras enfermedades continuaron,
y Michael frecuentemente necesitaba antibióticos
más potentes. Nos
preocupamos de que las opciones de tratamientos con antibióticos
se agotaran.
El pareció desarrollar resistencia a ellos rápidamente.
Nuestros
amigos empezaron a traernos literatura en tratamientos
biomédicos para el
autismo. Pusimos a Michael en la dieta GFCF. Después de tres
días de haber
empezado él empezó a hacer contacto visual, y él
empezó a dormir la noche
completa. Estábamos bastante motivados y empezamos a investigar
por información
acerca de factores biológicos involucrados en el autismo.
También empezamos a
preocuparnos acerca del débil sistema inmune de Michael y de
posible
deficiencia IgA, así que buscamos maneras para ayudarle a su
sistema inmune.
Fue
en este momento que ingresamos al club Mother´s Milk de Utah.
Ellos organizaron
una dotación de leche materna para dársela a los
niños con sistemas inmunes débiles.
El hospital universitario proporcionaron el total de las donaciones.
Usted debe
entender que la leche materna tenía la intención de
ayudar la función inmune
des-balanceada, no al autismo. A medida que le dimos leche materna a
Michael
proveniente de mí, amigos, y la dotación del hospital, no
solamente sus
infecciones de oído se detuvieron, sino que también su
autismo empezó a
desaparecer.
Michael
empezó a abrazarme. El se convirtió bastante social y
llamar la atención de
otras personas. El empezó a balbucear más. El
parecía salir de su pequeño
mundo. Estábamos muy complacidos. Encontramos que no
éramos los únicos con un
niño autista que se estaba beneficiando de la leche materna; un
creciente grupo
de padres del Club de Mother´s Milk estaban reportando historias
de mejoría.
Encontré fascinante que niños con autismo frecuentemente
tienen sistemas
inmunes alterados.
Desde
entonces, Michael ha sido diagnosticado con un bajo nivel de IgA,
intoxicación
de metales pesados (mercurio, aluminio, plomo, arsénico y
antimonio – un
perfil similar al de un paciente Alzheimer), sus propios anticuerpos
atacando
sus propias proteínas cerebrales (proteína mielina
básica y proteínas neural
axon filament), anormal EEG, síndrome de intestinos irritados,
desordenes epilépticos,
elevada concentración de sarampión, deficiencias de
nutrientes, incapacidad
para digerir apropiadamente los alimentos, y deficiencias de magnesio y
zinc,
entre otros diagnósticos.
La
leche materna pareció mantener los síntomas de Michael en
control. La gente
nos decía con entusiasmo que el ya no se comportaba tan
difícil como si fuera
autista. Usted podía decir si tenía los síntomas
si trabajase con el
directamente, pero su habilidad de juego y su estado anímico
parecían del todo
normales.
Entonces
dejamos de recibir las donaciones de leche materna del hospital
universitario.
La encargada de las enfermeras no quiso utilizar la capacidad de
almacenamiento
de sus refrigeradores para el programa, y ella no quería ser
molestada con el
inconveniente. Las otras enfermeras intentaron de todos modos
recolectar la
leche para nosotros, pero bastante pronto las presiones de sus
superiores y sus
inconvenientes detuvieron las donaciones por completo.
Mantuvimos
la leche materna por un tiempo mediante la extracción de mi
leche utilizando
una bomba y las donaciones de amigos, pero algunas semanas
podíamos tener
bastante leche, y en otras se nos acababa. La peor parte fue observar a
Michael
regresar a sus viejos comportamientos cuando no teníamos la
suficiente cantidad
de leche materna.
Esto
sucedió cuando descubrimos el factor de transferencia (TF). Una
mujer la cual
estaba usando esto para mantener su diabetes bajo control me
llamó para
platicarme al respecto. Empezamos a utilizar el TF en las ocasiones que
no teníamos
leche materna. Podíamos utilizar hasta nueve cápsulas al
día. Hasta dónde
podemos decir, el TF tenía el mismo efecto que la leche materna.
Nos aseguramos
de darle también suplementos de vitamina A, taurine, y aceites
de pescados con
el fin de asegurar que Michael estaba recibiendo los nutrientes que
recibía de
la leche materna.
Desde
entonces hemos utilizado la secretina, quelación de metales
pesados, magnesio líquido,
zinc, calcio, molibdeno, selenio, y otros suplementos. Hemos intentado
hacer
nuestro mejor esfuerzo para mantenernos al día en las
deficiencias
nutricionales encontradas en el autismo, y de tal forma poder encontrar
otros
tratamientos útiles para nuestro hijo. También estamos
pagando más de lo que
podemos en terapia ABA, la cual tiene un buen efecto cuando le damos
los
suplementos correctos. Nuestro hijo está progresando
rápidamente. El tiene
ahora tres años y medio y está bien encaminado hacia su
recuperación. Su
lenguaje sigue retrasado, pero el está imitando actualmente
sonidos y empieza a
entender ordenes sencillas. El mejora en cada ocasión que lo
quelamos de los
metales pesados. Realmente pensamos que el TF realmente lo mantiene
durante los
procesos de quelación.
En
relación a mi hija, Jessica, su historia es completamente
diferente. Ella
reaccionó a su primer vacuna contra la hepatitis B cuando estaba
recién
nacida. Ella desarrolló lesiones en su boca y recto; se nos
indicó que las
lesiones pudieron haberse extendido completamente a través del
tracto
digestivo. Después de la inyección, decidimos que nunca
más iba a recibir
otra vacuna. Supuestamente, las reacciones serias solamente suceden una
vez
entre un millón de casos, pero nosotros hemos visto a nuestros
dos hijos tener
tales reacciones. Bastante interesante, ningún
doctor reportó las
reacciones adversas de las vacunas sucedidas en nuestros hijos
[enfatizado
por el editor]. Sí
las reacciones adversas no son reportadas, cómo
podemos saber las verdaderas estadísticas de reacciones
secundarias debido a
las vacunas?
Aquí
fue cuando empezamos a estudiar acerca de las inmunizaciones y
aprendimos que
estas contienen mercurio, aluminio, formaldheido, DNA externo, y otras
toxinas,
las cuales incluyen mutaciones de virus o bacterias que constituyen la
vacuna.
Todos estos componentes son capaces de cambiar la genética de
los humanos. El
mercurio y el aluminio tienen efectos devastadores. El mercurio se
acumula en
los órganos – hígado, riñón y cerebro
– e interfiere en todos los
sistemas del cuerpo. Una de las más notorias señales de
intoxicación de
mercurio (ya que no puede ser detectada en la orina, sangre, o
análisis de pelo
a menos que la exposición haya sido reciente) es que el
individuo parece perder
la capacidad de desintoxicar los metales pesados y los virus; las
toxinas se
acumulan después de exposiciones menores que las que otros
reciben,
interfiriendo con la habilidad del cuerpo de procesar los minerales
necesarios
apropiadamente.
Investigaciones
reportadas recientemente en Congresos comparan los síntomas de
la intoxicación
del mercurio a los síntomas del autismo, y estos concuerdan
perfectamente. A
pesar de que grupos mayoritarios gubernamentales mantienen que no
existe prueba
de que el mercurio es un problema para los bebes, están
requiriendo a las compañías
farmacéuticas que las retiren de las vacunas. El gobierno se
abstuvo de
recolectar las vacunas, a pesar de todo lo anterior, de tal forma que
los
fabricantes no tuvieran que absorber alguna carga financiera.
La
investigación que leímos levantó muchas preguntas:
¿Por qué algunos niños
reaccionan tan mal al mercurio, por qué otros no lo hacen?
¿Algunas vacunas contienen mas mercurio que otras?
¿Cuándo una
enfermera prepara la vacuna, y la utiliza en tres niños, el
niño que recibe la
última dosis (donde la mayoría del contenido de la vacuna
se acumula) obtiene
una mayor concentración de virutoxinas con el mercurio?
¿Es simplemente una
cuestión alérgica? ¿Depende de cuántas
vacunas al día recibe el niño? ¿Depende
de la exposición previa del niño a toxinas?
Estabamos
agradecidos de obtener información acerca de los efectos del
mercurio y otras
toxinas de tal forma poder ayudar mas a Jessica. Decidimos evitar
exponerla a
los metales pesados. Empezamos a tomar agua filtrada por osmosis
inversa.
Evitamos el fluoruro, el cual se sabe que acarrea al plomo a
través de la
barrera de la sangre cerebral. Además, evitamos la leche, en
caso de que ella
tuviera sensibilidad como Michael la tuvo.
Entonces
nos detuvimos y observamos el desarrollo de Jessica, un poco retrasado
de
acuerdo a lo esperado. Estábamos bastante preocupados por su
estado de salud.
Ella estaba ligeramente retrasada en sus expectativas del desarrollo
pero no lo
suficiente para preocuparnos. Ella sonreía y hacía
contacto visual, y nos
imitaba. En su cita con el doctor en su primer aniversario, ella
aplaudió con
sus manos, realizó el “grito Indio” y realizó
movimientos de canciones de
niños. Su lenguaje eran simples balbuceos, pero múltiples
consonantes estaban
incluidos en estos. Ella se sabía su propio nombre, y ella amaba
ser
acurrucada.
Entonces,
en algún momento entre los 13 y 14 meses de edad, ella
empezó a retroceder.
Ella ya no podía imitar acciones de canciones. Ella dejó
de balbucear
completamente. Ella parecía no saber su nombre, y dejó de
hacer contacto
visual. Ella exhibió algo de actividad de epilepsia, en la forma
de dilatación
ocular alterada y “perderse”. Algunas veces – sin
cambio en la intensidad
de luz – sus ojos se dilataban, y luego las pupilas cambiaban a
un tamaño
pequeño. Ella se movía de manera extraña cuando
dormía, tan raro que parecía
que tenía pesadillas. Sus brazos se extendían y
tenía extraños “tics”
nerviosos.
Llevamos
a Jessica con su pediatra a los 16 meses, y el doctor no pudo creer lo
que
observó. Jessica realmente había retrocedido. Su tono
muscular se había
deteriorado, y su caminar era ahora un tanto tambaleante. Su contacto
visual era
extraño, y ella evadía mirar hacia mí. Se rehusaba
a irse con cualquiera
excepto conmigo, debido a que yo era quién la amamantaba.
Jessica
recibió el diagnóstico de autismo a la edad de 17 meses.
Le empezamos el TF y
la quelación, y ella mejoró dramáticamente. Al
momento de escribir esto, ella
tiene 18 meses de edad. La llevamos de nuevo con el psiquiatra el cual
la había
diagnosticado inicialmente, y dijo que Jessica era una niña
diferente a la que
había sido dos semanas atrás. Ella no está
“curada” o “recuperada”,
pero ella hace contacto visual, sonríe, y está
recuperando sus habilidades de
imitación. Ella juega con juguetes de nuevo. Lo mejor de todo es
que ella es
muy pequeña. A los 18 meses, ella ha recuperado lo que
había perdido en la
regresión, y sabemos que responde bien a los tratamientos
biomédicos y a ABA.
Ella debe de recuperarse aún más rápido que
Michael.
Como
resultado de la regresión de Jessica y su dramática
mejoría, se realizaron
pruebas a nuestra casa, tierra, y aún mi leche materna. Nuestra
casa estaba
alta en plomo. Nuestra tierra tenía elevados niveles de plomo en
ciertas áreas.
Mi leche tenía arsénico y ciertos trazos de plomo. Cuando
hicimos pruebas al
sistema inmune de nuestra familia encontramos que Jessica
también tenía auto
anticuerpos de ella en su cerebro, y un nivel alto del virus herpes
humano
concentración 6. Esto explicaba por qué el TF estaba
ayudando. Para mí, tengo
una increíble concentración alta de rubéola, la
cual sugiere un infección atípica
de rubéola.
* * * * *
¿Tenemos
que preguntarnos, acaso el plomo en nuestra casa influyó en
nuestros hijos para
tener reacciones a las vacunas, o el mercurio en las vacunas hicieron a
nuestros
hijos más susceptibles al plomo? ¿Son nuestros
niños altamente sensibles al
mercurio?, ¿O mi caso de rubéola de las vacunas de adulto
MMR me prepararon
para debilitar a mis hijos mientras estuvieron en el útero?
Una
de las buenas noticias es que la remoción del mercurio puede
revertir la
presencia de anticuerpos en el cerebro. Mientras tanto, el TF puede
regular el
sistema inmune, previniendo daño adicional.
Los
comportamientos epilépticos llevaron más tiempo en ser
desenmarañados. No sabíamos
que Michael tenía tales comportamientos hasta que le hicimos un
EEG. (Algunos
niños con autismo tienen EEG normal, pero la actividad
epiléptica aparece en
un escaneo magnetoencefalograma, o MEG.) El EEG de Michael
mostró que tenía
mas actividad epiléptica cuando estaba dormido que cuando estaba
despierto.
Hemos aprendido a reconocer los períodos con su mirada
“perdida” y los
extraños movimientos oculares ligados a la actividad
epiléptica. Algunas veces
notamos tal actividad cuando vemos que sus pupilas se dilatan
completamente, y
luego regresan a su tamaño normal – sin haber ocurrido
cambio alguno en la
cantidad de luz. Una ocasión, habíamos visto mucha
actividad epiléptica
seria, cuando él empuñaba sus manos y las agitaba.
Previamente habíamos creído
que eran berrinches, ya que eran acompañadas usualmente de
situaciones
estresantes. No sabíamos mucho acerca de la actividad
epiléptica. Empezamos a
notar de siete a diez eventos de actividad al día, una vez que
supimos en lo
que teníamos que fijarnos. Frecuentemente me pregunto si la
actividad epiléptica
es más prominente en el autismo de lo que pensábamos.
Hemos
sido capaces de mantener la actividad epiléptica bajo control
con magnesio líquido,
vitamina B6 activada, taurine, y pycnogenol (proveniente de corteza de
arbustos
marítimos). Cuando podemos agregar a escondidas todos estos
suplementos en el
vaso entrenador de Michael, el no muestra más actividad
epiléptica visible. Si
no le proporcionamos inclusive alguno de estos, observamos de tres a
cuatro
eventos epilépticos al día. En relación al
pycnogenol, el producto de mayor
pureza que hemos podido encontrar es el Choice Prime fabricado por
4Life. No
estamos seguros si el pycnogenol proveniente de la semilla de uva tiene
el mismo
efecto. Quizás lo tenga.
Estamos
tan complacidos de que fuimos capaces de encontrar un método
para controlar la
actividad epiléptica que trabajase sin hacer daño alguno
al hígado o
interferir con otras funciones del cuerpo. No podíamos utilizar
fármacos
epilépticos normales, ya que el hígado de nuestro
hijo estaba ya en muy
mal estado.
Una
lección que hemos aprendido es que los tratamientos benefician a
niños
diferentes de maneras diferentes, y beneficiarán a algunos
niños más rápido
que otros. Por ejemplo, niños que tienen infección
crónica con un virus
escondido muy probablemente se enfermarán cuando tomen TF antes
de mejorar su
estado de salud. Esto no significa que están reaccionando al TF,
más sin
embargo significa que el TF está funcionando para bien. Si el
virus en el niño
burla el sistema inmune del niño haciéndolo creer que no
es una amenaza, el TF
repentinamente alertará al cuerpo de la presencia extraña
del virus. Este es
el porqué el niño puede enfermarse por días, o
aún semanas, antes de
mejorar. Recuerde, enfermarse después de empezar TF es un buen
indicador de que
el TF está funcionando. En algunos casos, el TF no alivia los
síntomas
autistas pero puede aún beneficiar al niño ayudando a
mantener su salud
mientras está llevando otras terapias.
La
mayor limpieza que se tenga que realizar en el organismo, el mayor
tiempo que
llevará observar resultados positivos de los suplementos.
Algunas personas
pueden notar un efecto en unos cuantos días, pero no
necesariamente se debe de
rendir si tienen que pasar meses para que esto ocurra en su
niño. Como en todos
los casos, confíe en su corazonada para decidir si debe aumentar
o disminuir la
cantidad de suplementos que se están administrando. Los padres
son más
receptivos en reconocer si un suplemento está ayudando o no en
su hijo.
Hay
tanto daño interno para reparar y por hacer en el autismo que es
necesario
continuar buscando por soluciones para su hijo. Aun nuestros dos hijos
no son
parecidos en sus tratamientos y respuesta a los mismos. Los
tratamientos que son
perfectamente seguros, tales como los ácidos esenciales grasos,
TF, o dosis estándar
de nutrientes, son fácil de iniciar, a diferencia de la
quelación y altas
dosis de vitaminas las cuales se deben de estudiar y utilizar bajo la
dirección
de un médico el cual esté capacitado en tratamientos
biológicos para el
autismo. De nuevo, usted es la única persona la cual
tendrá la visión para
determinar si un tratamiento está ayudando a su hijo.
Sospecho
que la mayoría de las familias no recibirán todos los
diagnósticos médicos
que mi hijo ha recibido, pero espero que los aspectos biológicos
del autismo se
convertirán de conocimiento general para las familias y los
médicos. Debo añadir
que los tratamientos que he mencionado no son las únicas
opciones para estos niños.
Cada niño debe ser evaluado como un individuo particular. Sin
embargo, espero
que nuestro particular caso familiar, y los logros que hemos obtenido
no solo en
una sino en dos batallas contra el autismo, ayudarán a traer
esperanza a otros
que enfrentan este reto.
Actualización
(Marzo 2003):
Es Marzo del 2003. Jessica cumplirá tres
años en este
mes, y Michael tiene cinco. Nos hemos mudado a Carpentesville,
Illinois, y
tenemos la intención de encontrar a un doctor DAN! por
acá pronto.
Mientras
tanto, hemos obtenido ayuda del Dr. Jeepson, un doctor DAN! en Utah. El
nos ha
ayudado a continuar los suplementos, la dieta, quelación,
secretina, y
glutathione IV. Nuestros hijos reaccionan bien a todos estos, y han
tenido
efectos secundarios de la quelación si se nos acaba el TF. Me
rehuso a
quelarlos si existe algún signo de “moco
escurridizo” nasal, o si no tengo
TF. Todavía les sigue saliendo mercurio, a pesar de que estamos
en la etapa de
la quelación en ambos de nuestros hijos.
Jessica
es a la que le está yendo mejor. Ella está cantando y
realiza movimientos en
las canciones. Su lenguaje es principalmente imitativo, pero ella
identifica
bien las cosas y solicita muchas cosas por su nombre. Ella entiende
muchas
ordenes básicas, y ama los besos y abrazos. Ella ya no reacciona
visiblemente
al gluten o a la caseína, pero a pesar de todo estamos siguiendo
estrictamente
la dieta. Ella tiene gran deseo de entrenarse a hacer sus necesidades
en el baño,
y trabajaremos en eso el siguiente mes. Ella ama realizar juegos
imaginativos
con muñecas, cocinarles, y vestirlas.
Michael
le está yendo bien también, pero nos seguimos recuperando
de un accidente
mayor con gluten sucedido tiempo atrás en Noviembre, cuando
él comió Play-Doh
(masa para moldear o plastilina) en la escuela por varios días
consecutivos.
Olvidamos ponerla en la lista de “no comer”, a pesar
de que no la consideré como un alimento, y la escuela
estaba autorizada
solamente a darle alimentos de acuerdo a lo que enviábamos de
casa. El tuvo
actividad epiléptica y no pudo dormir durante tres días,.
Tenía 30 palabras
en su vocabulario (incluyendo “Te quiero, mamá”) y
80 sonidos de palabras
parciales antes de ese día, y todavía continuamos
enseñándoselas de nuevo.
El no perdió ninguna de sus habilidades sociales después
de este episodio, y
el sigue queriendo aprender. El ama cuando otros juegan con él.
El se adapta a
ambientes de aprendizaje. Le gusta Harry Potter, y canta el tema de la
película
muy bien. También empezaremos a entrenarlo en el baño el
mes siguiente.
Mis
hijos me han enseñado bastante acerca de nutrición, y
acerca de la importancia
de comportarse pro-activamente cuando se trate de nuestra propia salud.
Con solo
saber que sus problemas son del tipo médico ha sido un gran
beneficio para mí.
Sé que ellos están haciendo lo mejor que ellos saben.
Ellos son los niños más
bravíos que conozco. Ni siquiera me puedo imaginar el esfuerzo
que les requiere
iniciar el contacto visual o terminar una tarea. Todos los niños
de hoy que están
viviendo en un mundo tan tóxico, y batallando internamente en
formas que no
conocemos todavía, son realmente héroes. Reconozco el
gran valor de los niños
y padres que se enfrentan con firmeza a tales desafíos.