LA MAQUINA APRETADORA

 

Emociones y  Autismo

 

PARA TENER SENTIMIENTOS de gentileza, uno debe experimentar confort suave corporal. Al aprender mi sistema nervioso a tolerar la presión suave de mi máquina apretadora, descubrí que el sentimiento de confort me hizo una persona más amable y más gentil. Fue difícil para mí comprender la idea de amabilidad hasta que yo misma me sentí confortada. No fue hasta que había usado la máquina apretadora modificada, que aprendí a acariciar a nuestro gato gentilmente. Antes corría lejos de mí porque lo apretaba demasiado. Muchos niños autistas abrazan a su mascots demasiado apretado, y tienen un sentido desproporcionado de cómo acercarse a otras personas o cómo ser abordadas. Después de haber experimentado el sentimiento de ser sostenida, pude transferir ese buen sentimiento al gato. Al llegar a ser más tierna, el gato empezó a quedarse conmigo y esto me ayudó a comprender las ideas de reciprocidad y ternura.
Desde el tiempo cuando empecé a usar mi máquina apretadora, comprendí que el sentimiento que me proporcionaba era uno que yo necesitaba cultivar hacia otras personas. Era claro que los sentimientos plascenteros eran aquellos asociados con el amor por otras personas. Edifiqué una máquina que aplicara suave, reconfortante contacto que a mí me hacía falta tanto como el afecto físico que no podía tolerar cuando era joven. Hubiese sido tan dura como una roca y sin sentimientos si no hubiese construído mi máquina apretadora y darle seguimiento con su uso. Ese sentimiento relajanta de ser sostenida lava pensamientos negativos. Creo que el cerebro necesita recibir información sensorial reconfortante. El tocar tiernamente enseña ternura.
Siempre pensé en el ganado intelectualmente hasta que empecé a tocarlos. Pude mantenerme como una científica neutral hasta que puse mis manos en las vacas en los lotes de alimentación y planta Swift en 1974. Cuando presioné mi mano junto a un lado de un buey, pude sentir cuando él estaba nervioso, enojado, o relajado. El ganado estremeció a menos que firmemente ponga mi mano sobre ellos, pero entonces el tocarlos tuvo un efecto calmante. Algunas veces el tocar el ganado los relajaba, pero siempre me acercó mas a la realidad de su ser.
Las personas tienen necesidad de tocar animales con el objeto de conectarse con ellos. Yo aún vívidamente recuerdo una experiencia que tuve cuando estaba manejando el ganado en los lotes de alimentación de Arlington en Arizona. Estábamos trabajándolos a través de un tobogán apretador para vacunarlos. Yo estaba operando el tobogán y dándoles a los animales sus vacunas. Cuando les daba una inyección, siempre ponía mi mano en la espalda del animal, lo cual tenía un efecto calmante en mí. Esta calma parecía ser recíproca, porque cuando me sentía calmada el ganado permanecía calmado. Pienso que sentían esto y cada animal caminaba quietamente hacia adentro del tobogán. Mentalmente les pedía que se mantuvieran calmados para que no les pegara el sostenedor en la cabeza. Todo permanecía calmado hasta que el lado del tobogán apretador se rompió y aventó un balde. Esto nos descontroló a mí y al ganado por el resto de la tarde. Se había roto la magía.
La aplicación de presión física tuvo efectos similares en las personas y en los animales. La presión reduce la sensibilidad al tacto. Por ejemplo, la presión suave en los lados de un tierno cerdo le hará que se quede dormido, y entrenadores han encontrado que el darles masaje a los caballos los relaja. Las reacciones de un niño autista y un caballo con miedo, espantado, son similares. Ambos reaccionarán violentamente y patearán cualquier cosa que los toque. A los caballos salvajes se les puede quitar esta sensibilidad y se pueden relajar por medio de presión. Recientemente, observé una demostración de un aparato de presión para amansarlos. El caballo utilizado en la demostración había sido vendido por el ranchero por que no podía ser montado, y pateaba y respingaba cuando la gente se le acercaba. El efecto del aparato de presión en su sistema nervioso fue similar al de mi máquina apretadora. La presión ayudó a este caballo asustado para sobreponerse de su intenso miedo de ser tocado.
La máquina fue construida por Robert Richardson de Prescott, Arizona, y usaba arena para inmovilizar al caballo suavemente al aplicar la presión. El caballo salvaje fue colocado en un establo angosto similar a un trailer para caballos, con dos caballos mansos en establos adyacentes para mantenerlo acompañado porque a los caballos salvajes les entra pánico cuando están solos. La cabeza del caballo salía a través de una apertura acolchonada en la parte frontal del establo, y una reja empujadora en la parte trasera le impedía hecharse para atrás y jalarse la cabeza. Arena bajaba por las paredes del establo y despacio llenaba el espacio de manera que el caballo casi no la sentía hasta que estaba enterrado hasta su espalda por la arena. La aplicación lenta de presión es la más calmante. No era hasta que la arena llegaba a su panza que él se estremecía un poco, pero entonces parecía relajarse. Casi no movía sus orejas hacia atrás lo cual es señal de miedo o de agresión, y nunca trató de morder a nadie. Estaba alerta y curioso acerca de sus alrededores, y actuó como un caballo normal en un establo, aunque su cuerpo ahora esta enterrado completamente, Estaba libre de mover su cabeza, y eventualmente le permitió a la gente que le tocara su cara frontal y frotaron sus orejas y boca. El ser tocado que le había sido intolerable ahora era tolerable.
Después de quince minutos, la arena fue removida del establo por un dren a través de unas rejas en el suelo. El efecto de la presión duraba de treinta minutos a una hora. Durante ese tiempo el caballo aprendió a tenerle confianza a la gente un poquito más y a experimentar el tacto como una sensación positiva.
Los efectos del tacto suave trabajan a un nivel biológico básico. Barry Keverne y su colega en la Universidad de Cambridge en Inglaterra encontraron que el espulgarse en los monos estimulaba niveles incrementados de endorfinas, los cuales son los opios naturales del cerebro. Investigadores Japoneses han encontrado que la presión en la piel produce un tono muscular relajado y hace que los animales se arrullen. Los cerdos se voltean boca arriba y piden que les rasquen sus panzas cuando los frotan. La fuerza de la necesidad de contacto confortable es grande. Los famosos experimentos con monos de Harry Harlow mostraron que los monos que han sido separados de sus madres necesitaban una superficie suave a la cual poder aferrarse. Si un bebé de chango era mantenido sin el contacto ya sea de su madre o de un substituto de su madre, como un rodillo para pintar suave y esponjoso que Harlow les daba, entonces su capacidad de ser afectuoso en el futuro disminuía. Los bebés de animales necesitan sentir contacto y confort y necesitan tener experiencias sensoriales normales para desarrollarse normalmente. Harlow también encontró que el mecer suavemente ayudaba a prevenir comportamientos similares a los del autismo en changos bebés quienes fueron separados de sus madres. Cada padre sabe que mecer a un bebé ansioso le hace calmarse, y tanto niños como adultos disfrutan el mecerse. Es por ello que los caballos mecedores y las sillas mecedoras continuan vendiéndose bien.
La vieja teoría del autismo, popular hasta los años 70s, culpaba a la “madre refrigerador”, cuyo supuesto rechazo del niño causaba el autismo. Las teorías del psicólog Bruno Bettelhem, popularizadas en su libro The Empty Fortress, sostenía que dificultades psicológicas causaban autismo. Ahora sabemos que el autismo es causado por anormalidades neurológicas que bloquean al niño de ser tocado y abrazado normalmente. Es el sistema nervioso del bebé que rechaza a la madre y le causa retraerse cuando es tocado. Además, hay la posibilidad de que daño secundario al cerebro, causado por un sistema nervioso defectuoso, añada a la retracción incrementada del niño del tacto confortador normal.
Estudios del cerebro muestran que los problemas sensoriales tienen una base neurológica. Anormalidades del cerebelo y el sistema límbico pueden causar problemas sensoriales y respuestas emocionales anormales. Margaret Bauman y sus colegas en el Hospital General de Massachusetts llevaron a cabo autopsias en los cerebros de personas con autismo y encontraron que tanto el cerebelo como el sistema límbico tenían un desarrollo de neuronas inmaduro. Eric Courchesne también encontró anormalidades en el cerebelo en pruebas de Imágenes de Resonancia Magnética (MRI) del cerebro. Investigación en ratas y gatos ha demostrado que la parte central del cerebelo, el vermis, actúa como control del volúmen para los sentidos. Ya para 1947, el Dr. William Chambers escribió un artículo en la revista American Journal of Anatomy reportando que al estimular el vermis de un gato con un electrodo le causaba al gato llegar a ser supersensible a sonidos y al tacto. Una serie de anormalidades en centros más bajos del cerebro probablemente causan supersensibilidad, revoltura y confusión sensorial.

Autismo y Comportamiento Animal
Animales en el zoológico mantenidos en jaulas solitarias llegan a aburrirse y frecuentemente desarrollan comportamientos anormales tales como mecerse, caminar de un lado para otro y agitarse. Animales jóvenes mantenidos solos en tales medios ambientes, son dañados permanentemente y muestran comportamientos extraños, similares al autismo, llegando a ser demasiado excitables e involucrándose en comportamientos estereotipados como mutilación propia, hiperactividad, y relaciones sociales perturbadas. Los efectos de falta de estímulos sensoriales son muy malos para su sistema nervioso. Rehabilitación total de estos animales es extremadamente difícil.
Estudios animales y humanos muestran que la restricción de experiencias sensoriales causa que el sistema nervioso central llegue a hacerse supersensible al sonido y al tacto. Los efectos de restricción temprana sensorial son frecuentemente duraderos. Cachorros que crecen en perreras de concreto vacías llegan a excitarse mucho cuando escuchan un ruido.
Sus ondas del cerebro aún muestran señales de excesiva excitabilidad seis meses después de haberseles sacado de la perrera y permitirles vivir en una granja. Las ondas cerebrales de niños autistas muestran señales similares de excitación excesiva. Experimentos mayores con ratas han ilustrado los efectos dañinos de la restricción de experiencias sensoriales normales. El cortarles los bigotes a bebes de ratas les causa a las partes del cerebro que reciben sensaciones de lo bigotes a llegar a hacerse sobresensibles debido a que no les llegan las sensaciones táctiles. Esta anormalidad es relativamente permanente; las áreas del cerebro permanecen anormales después de que los bigotes les vuelven a crecer. Puede ser que el funcionamiento sensorial anormal del niño autista le cause a su cerebro que desarrolle anormalidades secundarias debido al ingreso distorcionado sensorial o a la falta de tal información. Y estas distorciones pueden afectar lo que son consideradas emociones normales.
El medio ambiente en el que un animal joven crece afectará el desarrollo estructural de su cerebro. Investigación por Bill Greenough, en la Universidad de Illinois, indica que el mantener a ratas en jaulas con juguetes y escaleras para que jueguen incrementó el número de dendritas, o terminaciones nerviosas, en las partes visuales y auditivas de sus cerebros. Yo conduje un experimento como parte de mi disertación para mí doctorado que indicó que los cerdos involucrados en sacar raíces anormales debido a haber sido mantenidos en un establo desierto de plástico, desarrollaron terminaciones nerviosas extra en la parte del cerebro que recibió las sensaciones desde su trompa. La construcción de esta “carretera de dendritas” anormal, puede explicar el por qué es tán difícil el rehabilitar a animales del zoológico que por años han estado caminando de un lado a otro de manera estereotípica. Es por eso que es tan importante el empezar la terapia y educación cuando el niño autista es joven, de manera que las terminaciones nerviosas en desarrollo se puedan conectar en los lugares apropiados.

Emociones Autistas
Algunas personas creen que las personas con autismo no tienen emociones. Yo definitivamente las tengo, pero son como las emociones de un niño en vez de las de un adulto. Los berrinches de mi niñez no eran en realidad expresiones de emoción tanto como circuitos sobre cargados. Cuando me calmo, las emociones están por todas partes. Cuando me enojo es como una tormenta con truenos por la tarde; el enojo es intenso, pero una vez que se me pasa, la emoción se disipa rápidamente. Me enojo mucho cuando veo gente abusando del ganado, pero si cambian su comportamiento y dejan de abusar de los animales, la emoción rápidamente pasa.
Tanto como una niña como una adulta, me he sentido feliz. La felicidad que siento cuando a un cliente le gusta uno de mis proyectos es el mismo tipo de regocijo que sentía cuando saltaba el trampolín hacia la alberca cuando niña. Cuando uno de mis papeles científicos es aceptado para publicación, siento la misma felicidad que experimenté un verano cuando corrí a mi casa a enseñarle a mi mamá el mensaje que había encontrado en una botella vacía de vino en la playa. Siento una profunda satisfacción cuando hago uso de mi intelecto para diseñar un proyecto que representa un reto. Es la clase de sentimiento de satisfacción que uno tiene después de terminar un crucigrama difícil o un juego de ajedrez o de bridge; no es tanto una experiencia emocional sino una satisfacción intelectual.
En mi adolescencia, el miedo llegó a ser mi emoción dominante. Cuando las hormonas llegan, mi vida se desarrollaba tratando de evitar ataques de pánico inducidos por el miedo. El que otros jóvenes me atormentaran era muy doloroso, y respondía con enojo. Eventualmente aprendí a controlar mi temperamento, pero me seguían atormentando, y a veces lloraba. Simplemente la amenaza de que me atormentaran me daba miedo; estaba atemorizada de caminar a través del estacionamiento porque tenía miedo de que alguien me llamara de algún apodo. Cualquier cambio en el horario de mi escuela me causaba una intensa ansiedad y miedo de un ataque de pánico. Trabajaba tiempo extra en mis símbolos de la puerta porque pensaba que podía hacer que el miedo desapareciera si pudiese figurar los secretos de mi psicología.
Los escritos de Tom McKEan y Therese Joliffe indican que el miedo es también una emoción dominante en su autismo. Therese enfatizó el tratar de mantener todo igual para ayudarse a evitar el terrible miedo. Tony W., otro hombre con autismo, escribió en el Journal of Autism and Developmentarl Disorders que él vivió en un mundo de soñar despierto y que él tiene miedo de todo. En mi caso el terrible miedo no comenzó hasta la adolescencia, pero para algunas personas autistas compienza temprano en la niñez. Sean Barron reportó que él sintió tremendo terror durante los primeros cinco o seis años de su vida. El medio ambiente altamente estructurado en la clase, redujo algo de este miedo, pero él frecuentemente se sentía miedoso y ansioso en los pasillos.
El miedo intenso y ansiedad que experimentaba casi se ha eliminado por medio de los medicamentos antidepresivos en los que he estado durante los trece pasados años. Ls eliminación de la mayoría de mis miedos y ataques de pánico también han atenuado mis emociones. El sentimiento más fuerte que tengo hoy en día es de intensa calma y serenidad cuando manejo al ganado y siento que ellos se relajan bajo mi cuidado. El sentimiento es de paz y buena aventuranza que no se disipa rápidamente como mis otras emociones. Es como flotar sobre nubes. Siento un sentimiento similar pero menos intenso de la máquina apretadora. Tengo gran satisfacción de hacer cosas diestras con mi mente pero no sé lo que es sentir gozo arrebatado. Sé que me estoy perdiendo de algo cuando otra gente casi se desmaya por el hermoso atardecer. Intelectualmente, sé que es hermoso, pero no lo siento. Lo más cercano que tengo al gozo, es el placer excitado que siento cuando he resuelto un problema de diseño. Cuando me llega este sentimiento, quiero simplemente levantar mis talones. Soy como una ternera cabriolando en día de primavera.
Mis emociones son más simples que las de la mayoría de las personas. No sé lo que una emoción compleja es en una relación humana. Solo comprendo emociones simples, tales como miedo, enojo, felicidad, y tristeza. Lloro durante películas tristes, y algunas veces lloro cuando veo algo que realmente me mueve. Pero relaciones emocionales complejas están más allá de mi comprensión. No comprendo cómo una persona puede amar a alguien un minuto y luego querer matarlo en un arrebato de celos en el siguiente. No comprendo el estar feliz y triste al mismo tiempo. Donna William sumariza en pocas palabras las emociones autistas en Nobody Nowhere: “Creo que el autismo resulta cuando alguna clase de mecanismo que controla las emociones no funcionan apropiadamente, dejan a un cuerpo y mente relativamente normales sin la habilidad de expresarse con la profundidad de que en otra manera pudiesen hacerlo”. Tanto como puedo figurarlo, emoción compleja ocurre cuando una persona siente dos emociones opuestas al mismo tiempo. Samuel Clemens, el autor de Tom Sawyer, escribió que “la fuente secreta del humor no es el gozo, sino la tristeza”, y Virginia Woolf escribió “La belleza del mundo tiene dos filos, uno de risa, uno de angustia, cortando el corazón desde abajo.” Yo puedo comprender estas ideas, pero no experimento emoción de esta manera.
Soy como una dama referida como S. M. en un papel por Antonio Damasio en Nature. Ella tiene una amígdala dañada. Esta parte del cerebro no es madura en el autismo. S. M. tiene dificultad al juzgar las intenciones de otros, y ella hace juicios sociales pobres. Ella no puede reconocer cambios ligeros en expresión facial, lo cual es común en la gente con autismo. Al desarrollar variadas complejas maneras de operar la máquina apretadora en mí misma, continúo descubriendo que cambios suaves en la manera como manipulo la manija de control afecta como me siento. Cuando incremento la presión despacio, hago variaciones muy pequeñas en la tasa y tiempo del incremento. Es como un lenguaje de presión, y continúo encontrando nuevas variaciones con pequeñas sensaciones diferentes. Para mí, este es el equivalente táctil de una emoción compleja y esto me ha ayudado a comprender la complejidad de sentimientos.
He aprendido a comprender relaciones simples emocionales que ocurren con clientes. Estas relaciones usualmente son francas; sin embargo, tonalidades emocionales aún son incomprensibles para mí, y valoro la evidencia concreta de logros y apreciación. Me dá placer el observar mi colección de sombreros que mis clientes me han regalado, porque son evidencia física de que a mis clientes les gustó mi trabajo. Me motiva el logro tangible, y quiero hacer una contribución positiva a la sociedad.
Todavía tengo dificultad comprendiendo el tener una relación con las personas cuya principal motivación en la vida está gobernada por emociones complejas, ya que mis acciones están guiadas por mi intelecto. Esto ha causado fricción entre mi persona y otros miembros familiares cuando he fallado en leer suaves claves emocionales. Por ejemplo, fue difícil para mi hermana menor tener una hermana rara. Ella sentía que siempre tenía que cuidar a mi alrededor. Yo no tenía idea de que ella se sentía de esta manera hasta años más tarde, cuando ella me dijo acerca de sus sentimientos de su niñez hacia mí. Motivada por el amor, mi madre trabajaba conmigo y me mantuvo fuera de instituciones. Aún así ella siente algunas veces que no la amo.
Ella es una persona para quien las relaciones emocionales son más importantes que el intelecto y la lógica. Le duele que yo pateara como un animal salvaje cuando era un bebé y que tengo que usar la máquina apretadora para obtener el sentimiento de amor y bondad. La ironía es que si hubiese dejado ir la máquina, hubiera sido una roca dura, fría. Sin la máquina, no hubiese tenido ningún sentimiento de ternura hacia ella. Tuve que sentir confort físico con el objeto de sentir amor. Desafortunadamente, es difícil para mi madre y otras personas altamente emocionales el comprender que la gente con autismo piensa diferente. Para ella, es como el tratar con alguien de otro planeta. Me relaciono mejor con científicos e ingenieros, quienes estan menos motivados por emociones.
En una conferencia un hombre con autismo me dijo que él siente solo tres emociones: Miedo, tristeza y enojo. El no tiene gozo. El también tiene problemas con la intensidad de sus emociones, las que fluctúan y se mezclan, pero se reducen y simplifican en algunas áreas. La revoltura emocional descrita por este hombre puede ser como los cambios emocionales repentinos que normalmente ocurren en niños de dos años de edad. Pueden estar riéndose un momento y haciendo un berrinche al siquiente. La tendencia a estados de cambio emocionales frecuentemente ocurre en niños autistas a una edad más avanzada, mientras que niños autistas mayores pueden tener los patrones emocionales de un niño joven.
Durante los últimos años me he dado cuenta un poco más de una clase de electricidad que pasa entre personas la cual es mucho más suave que el enojo, la felicidad, o el miedo abiertos. He observado que cuando varias personas están reunidas y divirtiéndose, su lenguaje y risa siguen un ritmo. Todos se ríen al mismo tiempo y entonces conversan calladamaente hasta el siguiente ciclo de risa. Siempre he tenido dificultad en conectarme con este ritmo y usualmente interrumpo conversaciones sin darme cuenta de mi error. El Dr. Condon, un médico de Boston, observó que bebés con autismo y otros desórdenes del desarrollo fallaron en moverse en sincronía con el lenguaje adulto. Infantes normales se entontan al lenguaje adulto y se sincronizan con él.
El trabajo que hago es emocionalmente difícil para mucha gente, y frecuentemente me preguntan cómo puedo estar interesada en cuidar a los animales y estar involucrada en su matanza. Tal vez por que soy menos emocional que otra gente, es más fácil para mí el enfrentarme con la idea de la muerte. Vivo cada día como si fuese a morir mañana. Esto me motiva a lograr muchas cosas que valen la pena porque he aprendido a no temerle a la muerte y he aceptado mi propia mortandad. Esto me ha permitido mirar a la matanza objetivamente y a percirbirlo de la manera en la que el ganado lo hace. Sin embargo, no soy simplemente una observadora objetiva y sin sentimientos; tengo una empatía sensorial por el ganado. Cuando permanecen calmados, yo me siento calmada, y cuando algo sale mal y les causa dolor, también siento su dolor. Me sintonizo a lo que las sensaciones actuales son para el ganado en lugar de tener la idea de que la muerte encolerice mis emociones. Mi meta es el reducir el sufrimiento y mejorar la manera como los animales en las granjas son tratados.
Las personas con autismo son capaces de formar lazos emocionales muy fuertes. Hans Asperger, el doctor alemán por el cual el síndrome ha sido nombrado, dice que el asumir que la gente con autismo es pobre en emociones no es exacta. Sin embargo, mis lazos fuertes son con lugares más que con las personas. Algunas veces pienso que mi vida emocional puede parecerse más a aquella de los animales que a la de los humanos, porque mis sentimientos son más sencillos y más abiertos, y como el ganado, tengo memorias emocionales que son específicas a ciertos lugares. Por ejemplo, no me doy cuenta de un subconciente lleno de memorias que son demasiado dolorosas para pensar en ellas, y mi memoria emocional es muy débil. Es altamente dudoso que el ganado llegue a estar emocionalmente despierto cuando piensan acerca de un vaquero quien los ha apaleado, pero tendrán una respuesta de miedo que se puede medir, tal y como el latido del corazón acelerado o la producción de hormonas de tensión, cuando ver a un particular vaquero o regresar al lugar en donde los apalearon. Ellos frecuentemente asocian al peligro con un lugar particular. Las personas con autismo también tienen memorias específicas hacia un lugar u objeto. Regresando al lugar donde algo bueno pasó o mirando a un objeto asociado con buenos sentimientos nos ayuda a volver a experimentar el placer. Simplemente el pensar acerca de ellos no es suficiente.
Tengo reacciones emotivas a lugares en donde he permanecido por varios días o semanas mientras que trabajaba en algún diseño o sistema para ganado. Uno de mis clientes me dijo que me había mostrado desasogada por un proyecto por una semana o  dos como si fuese una madre con un nuevo bebé. Lugares en los que invierto mucho tiempo llegan a ser emocionalmente especiales. Cuando regreso a uno de estos lugares, frecuentemente me siento sobrecogida con miedo al llegar a ellos. Me entra pánico, pensando que me dejarán entrar a mi lugar especial. Aunque sé qu esto es irracional, siempre examino el lugar en donde trabajo para asegurarme de que puedo volver a entrar. Plantas empacadoras de carne grandes tienen guardias de seguridad, pero en casi cualquier planta he figurado una manera de evadir la seguridad, nada más en caso de que llegue a ser uno de mis lugares especiales y necesite regresar. Al manejar de paso, veo cada hoyo en la cerca y cada reja sin cerrar y las imprimo en mi memoria para siempre. Mi miedo de pasajes bloqueados se siente como una necesidad primoridal, como si fuese un animal que hubiese sido atrapado.
Para mí, el encontrar estos hoyos y aberturas es similar a la manera en que un animal cansado examina nuevo territorio para asegurarse de que existen rutas de escape y pasajes seguros, o cruza un plano abierto que puede estar lleno de depredadores. ¿Tratará de detenerme la gente?. Algo de la examinación es automática y subconsciente. No puedo dejar de verla. Y cuando encuentro una apertura, me llega una feliz excitación. Encontrar todos lo hoyos en la cerca también aminora el miedo. Sé que estoy emocionalmente segura si puedo atravezar la cerca. Mi miedo de pasajes bloqueados es una de las pocas emociones que es tan grande, que no es completamente suprimida por mi medicamento antidepresivo.
Tuve reacciones de miedo similares cuando me acercabaa mis puertas simbólicas. Parcialmente me sentía temerosa que la puerta estuviese cerrada como la madriguera bloqueada de un animal que hace túneles. Era como si un sistema anti-depredador profundo en mi cerebro estuviese activándose. Instintos básicos que compartimos con animales pueden ser desencadenados por ciertos estímulos. Esta idea ha sido sugerida por científicos respetados tales como Karl Sagan en su libro The Dragons of Eden (Los Dragones del Edén). Judith Rapoport sugiere en The Boy Who Couldn´t Stop Washing (El Niño Qué No Podía Dejar de Lavar), que désordenes obsesivo-compulvisos en donde las personas lavan sus manos por horas o repetidamente verifican que la estufa esté apagada, pueden ser el resultado de una activación de instintos animales antiguos de seguridad y cuidado personal.
El miedo a pasajes bloqueados persistió tanto en mi mundo simbólico visual de puertas y el mundo real mucho después que dejé de usar puertas simbólicas. En mis días tempranos encontraba puertas que abrían a techos de los edificos más altos en campus de mi escuela. Desde un punto de vista alto podía contemplar el daño que podía estar escondido en la siguiente etapa de mi vida. Emocionalmente era como un animal examinándo las praderas en busca de leones, pero simbólicamente el lugar alto significaba el esforzarme por encontrar el significado de vida. Mi intelecto estaba tratando de hacer sentido del mundo, pero estaba siendo llevado por una máquina de miedos animales.
Casi hace treinta años, cuando estaba navegando mi mundo simbólico de puertas, reconocí que el miedo era mi gran motivador. En ese tiempo no me dí cuenta que otra gente experimenta otras emociones principales. Ya que el miedo era mi principal emoción, se derramaba a todos los eventos que tuvieron alguna significancia emocional. La siguiente porción de mi diario muestra muy claramente cómo intentaba manejar mi miedo en mi mundo simbólico.
Octubre 4, 1968
Abrí la puertita y entré hoy por la noche. Para levantar la puerta y ver la amplia expansión del techo de luz de luna ante mí. He puesto todos mis miedos y ansiedades acerca de otras personas en la puerta. El usar la puerta trampa es riesgoso porque si esta fuese sellada no tendría yo ninguna salida para mis emociones. Intelectualmente la puerta es tan solo un símbolo pero en el nivel emocional el acto físico de abrir la puerta me trae los miedos. El acto de atravezar, es mi sobreponerme a mis miedos y ansiedad hacia otras personas.

            Mi lado intelectual siempre supo que el hacer cambios en mi vida sería un reto, y deliberadamente escogí puertas simbólicas que me ayudaran atravezar después que la primera puerta casi mágicamente apareció. A veces tenía una activación masiva de mi sistema nervioso simpatético – el sistema que permite a un animal o a una persona el escapar del peligro – cuando atravezaba una puerta. Era como enfrentarme a un león. Mi corazón se aceleraba y sudaba profusamente. Estas reacciones están ahora controladas con drogas antidepresivas. En conjunto con vastas cantidades de información archivada en mi memoria, las drogas me han permitido dejar el mundo visual simbólico atrás y aventurarme hacia el llamado mundo real.
Aún así, solo ha sido durante los últimos dos o tres años que he descubierto que yo no experimento el alcance completo de emociones. Mi primera idea vaga de que mis emociones eran diferentes me vino en la escuela preparatoria, cuando mi compañera se sentía atraída hacia el maestro de ciencia. Cualquier cosa que ella estaba sintiendo, yo sabía que no me sentía así hacia nadie. Pero pasaron años antes de que me diera cuenta de que otras personas se guiaban por sus emociones durante la mayoría de las interacciones sociales. Para mí, el comportamiento apropiado durante todas las interacciones sociales tenía que ser aprendido por el intelecto. Llegué a tener más habilidades en interacciones sociales al ir llegando a tener más experiencia. A través de toda mi vida me han ayudado maestros y guías comprensivos. Las personas con autismo desesperadamente necesitan guías para instruírlos y educarlos de manera que ellos puedan sobrevivir en la selva social.